A solo seis meses de la elección legislativa de octubre de 2025, la sociedad argentina entró en una nueva etapa.
El Presidente no quiere democracia, quiere ser rey. Decide que estamos ”en guerra” sin pasar por el Congreso. Sus funcionarios son obsecuentes y festejan sus delirios. Ignora la Constitución e incumple leyes aprobadas, como la Ley de Emergencia en Discapacidad y de Financiamiento Universitario. Gobierna por decreto, con el apoyo de gobernadores que traicionan su mandato y desbordan el marco constitucional a cambio de fondos para solventar el gasto público en sus provincias, en el mejor caso, o para sus negocios personales. En todo momento pone sus intereses personales sobre los del país. Rebaja la investidura presidencial en los medios de comunicación, en cadena nacional y en el exterior. Destila odio y promueve los ataques hacia quienes piensan distinto o hacia quienes investigan su corrupción, de su hermana y de sus funcionarios.
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