La elaboración de programas económicos para una eventual etapa posterior a la actual administración permite intervenir en el debate público y anticipar respuestas frente a un régimen económico crecientemente inestable.

Entre distintos sectores de la oposición, hay convergencias en los principios normativos y divergencias en los instrumentos. Lejos de constituir una debilidad, esa pluralidad puede resultar productiva en términos de deliberación estratégica.

Sin embargo, se advierten dos problemas. El primero es la internalización de los marcos conceptuales dominantes. El segundo, estrechamente vinculado, es la invisibilización de los dispositivos de violencia económica que estructuran las relaciones de fuerza y operan como restricciones materiales sobre cualquier programa que no sea el ajuste neoliberal cuyo primer mojón fue la dictadura militar.

Leé la nota completa de Adrián Rojze en Página 12.