El destrato hacia los docentes y su responsabilización por los problemas educativos que se difunde en los medios no es nuevo; es un fenómeno que lleva varias décadas (recordemos la década de los 90). Lo que sí parece haber cambiado es el contexto cultural en el que se inscribe. Vivimos en una sociedad atravesada por la mercantilización de múltiples esferas (educación, salud, tiempo libre) y por una lógica de exposición del yo, donde las redes sociales imponen nuevas hegemonías estéticas y modelos de éxito. En ese marco, la cultura del estudio y del trabajo se ve tensionada por ofertas que proponen ganar dinero fácil, como las que circulan en el mundo de los influencers o las apuestas online. La docencia, como profesión vinculada al conocimiento, al cuidado del otro y al compromiso social, queda desvalorizada frente a esos nuevos referentes. Si lo que se premia socialmente es el rédito económico inmediato, quienes enseñan desde otro paradigma difícilmente sean promovidos como modelos por los medios hegemónicos. Propongo, al menos como ejercicio, preguntarnos si el desprestigio y la precarización salarial de la docencia no responden, en el fondo, a una disputa más profunda sobre los valores que elegimos sostener como sociedad.
Leé la entrevista completa a Yamila Goldenstein en El Arcón de Clio.