El programa económico de Milei enfrenta múltiples problemas. Desde una perspectiva macroeconómica, el modelo no logra crecimiento sostenible debido a una apreciación cambiaria persistente que, unido a la apertura comercial, daña los sectores productivos. Por otro lado, a pesar de las compras de divisas del Banco Central no logra acumular reservas por la falta de acceso al mercado internacional de crédito. Esta exclusión financiera se agrava, además, por un contexto global de extrema volatilidad, condicionado por los vaivenes políticos de los Estados Unidos de Donald Trump y la creciente incertidumbre que genera el conflicto bélico con Irán. Conclusión: cada día que pasa se aleja la posibilidad de financiamiento externo para los mercados emergentes.
En términos laborales se observa hace tiempo un escenario fragmentado donde unos pocos sectores logran exhibir datos positivos mientras los principales motores de la generación de empleo -como la industria manufacturera, la construcción y comercio-, atraviesan un proceso de destrucción sistemática. A los problemas macroeconómicos se agrega la utilización como herramienta anti-inflacionaria de los techos a las paritarias que deterioran aún más el poder adquisitivo tras el ajuste fiscal -muy fuerte en términos de salarios, jubilaciones y obra pública- que ha restringido el consumo interno.